Así que...
En mi cerebro (creo que en el de todos, de hecho) hay un cajoncito especial que está diseñado para que se guarden todas las cosas en las cuales no quiero pensar. Los pensamientos que todos tenemos a las dos de la mañana justo, justito, antes de dormir, los cuales nos mantienen despiertos durante dos horas más, vienen directamente de ahí.
Y no estamos hablando de cosas generales como: la muerte, la soledad, el hecho de nacemos y morimos solos, ser dueños de nuestra propia vida y un millón de etcéteras.
Estamos hablando de pensamientos que nos cachetean de la nada. Esos que nos hacen tener una reacción física.
Un día, cuando tenía entre ocho y diez años, me dí cuenta de que la persona viviendo mi vida era (charan charan) Yo.
Sé que suena algo obvio porque, bueno, ¿Quién más va a ser? Pero fue increíble cómo caí en la cuenta de que mi mente iba a ser la misma tres, seis, doce y treinta y ocho años más adelante. No iba a llegar a los doce y pasarle la posta a otra versión más grande y preparada mía.
Nop.
No.
Dios.
Al día de hoy a veces me sigo dando cuenta de que soy la misma persona que era a los siete y voy a ser la misma persona a los noventa y tres.
Con cambios generales y mayor experiencia, pero la esencia no cambia.
Pero esos también son pensamientos dentro de todo generales.
Todo se modifica ligeramente cuando tenes la genial idea de ingresar al camino espiritual. Es un ticket de ida, por cierto.
Una cosa es darte cuenta de que sos el dueño de tu vida, de que podes hacer lo que quieras con ella y sos el encargado de darle, y darte, el significado que quieras.
Otra muy distinta es, además, ser responsable de ella.
Notar y asimilar que todas las cosas por las que pasaste, y vas a pasar, están ahí para brindarte un aprendizaje. Queda plenamente en vos tomarlo y seguir. Dejar ir patrones autodestructivos, notarlos, limpiarlos y continuar. ¿Lo más importante?
Si limpiaste un patrón autodestructivo, o un modus operandi negativo,
No.Lo.Vuelvas.A.Elegir.
Suena super simple y es ocho millones de veces más fácil decirlo que hacerlo.
Como casi todo.
¿Cuántas veces estamos dispuestos a autoboicotearnos hasta dejarnos Ser?
¿Que a qué voy con todo esto? Excelente pregunta, Jimmy, déjame responderte eso en los próximos de diez a catorce párrafos.
Uno de los pensamientos más grandes en mi cajoncito "No Entres Ahí" no es uno sólo, si no que abarca varias partes y muchos sectores.
¿Por qué estoy tan disconforme con mi vida si no tengo razones suficientes?
La única parte que falla es la laboral. ¿Por qué dejo que abarque tanto? ¿Por qué me alejé tanto de mi espiritualidad? ¿Por qué siento que es inútil que medite, si no tengo pensado hacer nada al respecto? Si mis maestros nunca me van a dar una respuesta concreta, ¿Por qué sigo preguntando?
La respuesta está dentro tuyo, dice Atenea. Tenes que encontrarla por tus propios medios.
La forma no es la resignación, me aclara Hércules.
Creo que todo nace de un mismo punto.
¿Cómo pretendemos brindarnos al otro si no nos brindamos a nosotros mismos primero?
La primera persona que tenemos que ayudar es a nosotros.
Tenemos que ser egoístas para ser solidarios.
Si alguien no se toma el tiempo de aprender a nadar, no importa cuantas veces se tire al mar para rescatar a alguien ahogándose, nunca va a poder hacer nada. Lo más probable es que termine ahogándose a si mismo.
Ya sé, muy buena metáfora. Ni me lo digas.
A lo que voy es que...
Yo que sé. Perdí el hilo de pensamiento.
-------