Me voy olvidando de sus ojos y de su pelo.
Me voy olvidando de los detalles de su rostro, de sus rasgos.
Me voy olvidando del sonido de su risa.
De dónde tenía lunares (en la planta del pie) y dónde no.
Aún no me olvidé de cómo se sentía su piel,
ni de su sonrisa.
Aún no me olvidé de su llanto
(de eso nunca)
Pero me voy olvidando.
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