En el cielo hay muchas estrellas, ella está en una de ellas.
Even if you have to dance alone sometimes because no one else wants to, those are the times when you just say fuck it, yeah?
(Chris Miles)

"El amor no es algo en lo que se piensa. Es un estado en el que se habita."
(Joshua. "El Cordero")

martes, 25 de marzo de 2014

A little bit of the past

Me acuerdo una vez, cuando yo tenía seis años y estaba en segundo grado, en una clase de gimnasia; que un compañerito mío llamado Diego dijo, entre el montón de estupideces que estaban saliendo de su boca en ese momento, que, y cito, "Todos los discapacitados son tontos."
Yo era muy chica. Y tenía una hermana con discapacidad motriz (que es, básicamente, el peor tipo de discapacidad que se puede tener, a mi entender).
Me acuerdo que me dolió muchísimo eso. A mí y a mi amiga Noelia, que también tenía un hermano con discapacidad, pero esta afectaba partes de su cerébro.
Se lo dijimos a nuestra maestra de ese entonces (Dios bendiga a la seño Cristina, una mujer y docente excepcional. Una segunda madre increíble.) y ella nos reunió a todos en un círculo para explicarle a Diego, y a todos los chicos, por qué estaba mal lo que él había dicho. O algo así, no recuerdo con exactitud la secuencia. Sí recuerdo que le ordenó-sin-ordenar a Diego que nos pidiese perdón. A lo que él, siendo un niño asustado por las represálias futuras, accedió. Nos pidió disculpas.
El tema es que a mí, es ese momento y en el presente de hoy, no me parecieron, ni me parecen, sinceras. Y sigo molesta con esa nena de seis años que asintió con la cabeza, bajó la mirada y dejó el tema pasar.
-No.
Le debería haber dicho.
-No te creo. No te creo que te sientas mal por haberlo dicho, no te creo que entiendas por qué me lastimaste y no te creo que puedas, ni siquiera, llegar a comprender la razón por la que tu idiota frase es erronea. Y no, no me interesa que seas un nene de seis años que aún no comprende en su totalidad las cosas, no mide lo que dice, y, posiblemente, sólo repita lo que sus incultos y atolondrados padres piensen. No me importa. Porque yo también soy una nena de seis años, pero tengo algo llamado empatía, algo llamado respeto y algo llamado conciencia. Yo, teniendo tu misma edad, soy capaz de comprender cosas que vos, con ese cerébro subdesarrollado de infante que tenes, no sabes siquiera que existen. Y, posiblemente, mi mentalidad de preescolar va a seguir rompiendole el culo a tu mentalidad de cualquier edad, ya tengas diez, quince, veinte o treinta. Esto no me debería hacer mejor persona que vos, Diego, y no me hace. Nada me hace ser mejor persona que vos. Simplemente lo soy.

Por supuesto no le puedo pedir a la Martina de seis años que razones, piense y sienta como una chica de veinte. Es ilógico.
Y por supuesto que la disculpo por no saltar en medio de la clase con ese discursito de pendeja superada.
Pero hoy, y esto es importante, finalmente pude sacar ese recuerdo de mi cajón mental, soplarle el polvo y revivirlo. Sólo que esta vez, me metí en el medio y dije -grité- todo lo que quería decir.

Estoy un poco más en paz ahora, por muy incoherente que eso suene.

Pero bueno, si ya era incoherente a los seis, no me queda mucho que esperar de los veinte.

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